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25 de marzo de 2014

El abrazo del alma.


Si bien en la antesala del evento, el marketing mundialista amenaza con tornarse insoportable, pueden encontrarse hallazgos que valen la pena verse (para aquellos que vimos o vivimos los días del Mundial 78).

26 de junio de 1978, hora de merienda, estadio River (colmado). Argentina acaba de vencer (3-1) a Holanda y se consagra (por primera vez) Campeón del Mundo. No se sabía cómo festejar. Había que festejar.

Pitazo final. Omar Larrosa sale despedido a pedirle la pelota al árbitro (se la niega). Los jugadores están excitadamente desorientados. No se reúnen, se emocionan, no saben qué hacer… extienden brazos, corren sin rumbo en medio del ensordecedor… Hinchas invaden el campo… Fillol cae de rodillas en el área, Tarantini se acerca, lo abraza arrodillado… y un hincha sin brazos se arrima al abrazo. Es “El abrazo del alma”, la foto premiada como la mejor del Mundial 78, tomada por Ricardo Alfieri para la revista El Gráfico.

La historia de esta histórica foto es rescatada hoy, 36 años después, en los umbrales del Mundial 2014 (Brasil), a raíz de una idea publicitaria que pretende retratar la pasión en un spot de minuto y medio para vender Coca – Cola.



El protagonista de la foto es Víctor Nicolás Dell'Aquila, el hombre que perdió sus brazos a los 12 años (1967) en un accidente con un poste eléctrico de alta tensión en San Francisco Solano y que, sin brazos, fue a abrazar a Fillol y Tarantini sobre el verde césped del estadio de River, que hoy es conectado por Coca-Cola para la producción del spot.

Un recorrido por aquella historia (que se ve parcialmente en el spot) deja entrever, de algún modo, ciertos rasgos de caracterizada argentinidad.

Víctor fue reporteado y reconocido más de una vez por ser protagonista de aquella histórica foto. Aniversarios, reuniones y homenajes al desaparecido fotógrafo (Ricardo Alfieri 29.051912-28.07.1994) fueron motivos de convocatoria. De ahí se desprende, con lujo de detalles, como fueron los instantes que quedaron grabados con un mágico click.



La pregunta que se le hizo varias veces a Víctor Dell´Aquila (hincha de Boca) apuntaba a saber cómo logró entrar al campo, siendo que no estaba permitido y que, aun más, no tenía brazos para sortear la seguridad.

Víctor pudo contar entonces que la invasión de cancha era una práctica habitual. Entraba “por alambres rotos o porque conocía a gente del control o algún fotógrafo. En Boca miraba el partido desde el banco de suplentes, con el Toto Lorenzo. Una vez salté desde el palco viejo. Cuando terminaba el partido, pin y adentro. En Racing tenía dos metros de fosa pero me ayudaba la altura”.

El día de la final “no encontré a la persona con la que había arreglado e intenté ingresar como discapacitado, pero me dijeron que estaba lleno. Me fui a la platea que está sobre Figueroa Alcorta y un conocido me hizo entrar. Y ahí me fui bien abajo y me senté, entonces se me prendió la lamparita…

Tendría unos dos metros, algo más. Pero era pendejo, pesaba 50 kilos y tenía un buen estado. Cuando vi que el referí levantó la mano, pasé los pies, flexioné y ¡tac! caí paradito. Pero seguían jugando, habían adicionado minutos. Entonces caminé despacito y me puse al lado del palo de Fillol. Y cuando tocó pito el juez salí corriendo en busca de alguien a quien abrazar. En un momento, Tarantini se arrodilló como rezándole a Dios. Fillol hizo lo mismo y se abrazaron. Justo llegué yo. Me frené y las mangas se fueron para adelante. Y ahí Alfieri sacó la foto. Yo la tengo dedicada por él”.


20 de enero de 2014

Alberto Tarantini: de Birmingham a Talleres sin escalas.


La ebullición mundialista empieza a fogonearse desde las multinacionales que, embarcadas junto a la colega estrella (FIFA), multiplican voces y canales de marketing. Así, ya desde 2013, a nueve meses del inicio del Mundial de Brasil 2014, Coca Cola y FIFA pasean el trofeo de la Copa del Mundo por todo el mundo en lo que llaman Trophy Tour. La Copa (de oro macizo) es por estos días víctima irrefrenable de los flashes y curiosos de más de 90 países del mundo.

Por supuesto que semejante evento (?), acompañado de un insólito avión totalmente ploteado para la ocasión y un merchandising tan vasto como inverosímil, se lanzó con una ceremonia oficial (?) a los pies del mismo Cristo Redentor de Río de Janeiro (09.09.2013), donde los gerentes comerciales lograron reunir a cinco campeones brasileños de todas las épocas: Zagallo (1958), Amarildo (162), Rivellino (1970), Bebeto (1994) y Marcos (2002).

Argentina no es ajena al asunto. El OVNI que lleva la Copa aterrizó en estas pampas para plantarse un día en Mar del Plata (Hotel Provincial) y otro día en Córdoba.

El trofeo, encapsulado en una caja de vidrio irrompible, llegó a la capital cordobesa el miércoles 15 de enero y fue exhibida en el Superdomo Orfeo ante miles de curiosos. En un stand plagado de promotoras y carteles publicitarios tuvo lugar la escena de exhibición que no pudo deshacerse de girones de tristeza.

Como el trofeo sólo puede ser tocado por ex campeones del mundo y jefes de Estado, los organizadores se las vieron complicadas para reunir a los campeones mundiales argentinos. Alberto Tarantini y Luis Galván (campeones 1978) más Nery Pumpido, Oscar Ruggeri y Ricardo Giusti (campeones 1986) dieron el sí y asistieron a sacarse fotos y tocar la Copa (5 de 46).

La reunión, el escenario efímero, el motivo, la fecha y los personajes en cuestión resultaron en un pálido, inexplicable e innecesario movimiento publicitario que, como máxima expresión, denotó el cambio y el vertiginoso andar de los tiempos.

"Es muy lindo poder estar acá, recordar el Mundial. Somos los únicos que podemos tocar la Copa. Ojalá se valoren los títulos del 78 y 86", comentó Nery Pumpido (56).

"Le quiero ganar la final a Brasil. Eso nos equipararía un poco en la historia", dijo Oscar Ruggeri (51).

Si estas acotaciones son dignas del (anacrónico) evento en cuestión, no menos son las más nostálgicas y discrepantes que arrojó Alberto Tarantini (58).

“Yo dejé la liga inglesa y me vine a Talleres para poder jugar el Mundial ’82. Si me quedaba en el Birmingham no sé si me hubiesen convocado”, tiró el conejo para justificar un pase que, a los oídos de hoy y del público presente, suena a ciencia ficción.

"Se venía el ’82 y yo quería jugar otro Mundial. Talleres me ofreció una oportunidad de volver a un gran equipo para jugar un Nacional y tratar de ganarlo, algo que lamentablemente no se dio. Pero soy un agradecido a esta ciudad y a (Amadeo) Nuccetelli, que hizo muchísimo por el fútbol de esta provincia y del interior. Fue un presidente fabuloso, que me convenció para dejar Europa y venir a jugar a un equipo fantástico. Lo disfruté y pasé momentos buenísimos que no me voy a olvidar nunca".

"Resigné muchísimas cosas para venir a jugar acá, pero después de ver el final de la historia, estoy feliz y contento. La verdad es que ni me acuerdo los nombres de los clubes rivales, pero eran partidos con canchas repletas y nuestro equipo estaba lleno de campeones del mundo. Era fabuloso tener semejantes jugadores al lado y no me arrepiento de haber venido a jugar en la Liga Cordobesa. El fútbol de la República Argentina y del interior del país le tienen que agradecer a Talleres por lo que hizo. El fútbol argentino cambió a partir del fenómeno de ese equipo".

Tarantini, hoy supervisor de jugadores juveniles en Estados Unidos es entrenador, sin embargo “trabajé siempre con divisiones inferiores, porque no me divierte hacerlo con profesionales. Me gusta la formación y seguir la evolución de los chicos. De los campeones mundiales del ‘78, pocos pudieron incursionar como técnicos. Tal vez no estábamos preparados para una reconversión como se da ahora”.

Sin dejar de marcar las diferencias entre el hoy y su ayer profesional, como desde afuera cual ñata contra el vidrio, Tarantini cuenta que no va a la cancha: “Como están dadas las condiciones actuales, no me gusta ir a la cancha. Vengo de una generación que iba a disfrutar, que podía cargar al que estaba al lado suyo, y no a pegarle un botellazo ni tampoco a matarlo. En estas condiciones no quiero ir. Lo sigo más por TV”.

Así, mientras el Conejo daba sus respuestas, Luis Galván (65), el marcador central de aquel Talleres y campeón 1978, se inclinaba ante los chicos cordobeses que, entrada en mano, hacían la cola para ver la Copa del Mundo: “¿De qué cuadro sos vos?”, “Del Barcelona”, le respondió el pibe. “¿Y vos?”, “Del Manchester City”.