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24 de septiembre de 2013

Colo Colo 1973.


A comienzos de aquel año, Chile vivía protestas masivas, desabastecimientos y paros sindicales. Sin embargo, aquellos meses coincidieron con uno de los mejores equipos chilenos de la historia, el primero en alcanzar la final de la Copa Libertadores. A 40 años de la caída de Allende, el fútbol chileno aún recuerda a aquel Colo Colo e incluso algunos periodistas e historiadores vinculan sus éxitos deportivos con el golpe de estado, del que hoy se cumplen cuatro décadas.

La de los años setenta no había comenzado bien para el equipo blanco. En 1971, la campaña fue decepcionante y acabó en el cuarto puesto, en el Campeonato Nacional. Al año siguiente, bajo la conducción de Luis Álamos fue campeón, lo que le permitió acceder a la Copa Libertadores de 1971. El Colo Colo, que contaba entonces con Francisco Valdés y Carlos Caszely como figuras, inició su participación en el torneo continental, el 1 de marzo, tres días antes de las elecciones legislativas. Compartía el grupo C con Unión Española, Emelec y El Nacional de Ecuador. En aquellos comicios, la Confederación de la Democracia, alianza opositora al gobierno de Allende, conseguiría la victoria.

Pronto las buenas actuaciones del equipo generaron un fervor inédito entre los hinchas. Más de 70 mil personas se acercaban al Estadio Nacional cada vez que se presentaba Colo Colo, aun con huelgas de transporte. En las tribunas, se veían banderas con la leyenda: “Soldados - obreros, unidos venceremos.” Las clases populares se sintieron identificadas con el equipo.

“Los partidos por la Copa Libertadores significaban una tregua. Una especie de feriado tácito, donde se bajaban las banderas partidarias y se levantaban las albinegras por 90 minutos. Cada triunfo era un respiro para La Moneda”, escribió el periodista Juan Cristóbal Guarello en el libro El Equipo Que Retrasó El Golpe, de Luis Urrutia Onell. Algunos jugadores como Carlos Caszely y Leonardo Véliz simpatizaban con el gobierno de socialista. El equipo chileno finalizó primero en su grupo y accedió a las semifinales.

En su juventud, Salvador Allende jugó de puntero izquierdo en Everton y practicó atletismo. Ante los triunfos de Colo Colo y el fervor popular, el presidente estrechó lazos con el equipo y mantuvo un primer encuentro con el plantel antes del viaje a Río de Janeiro para enfrentar a Botafogo, en el primer partido de las semifinales. “Sigan ganando así mantienen al pueblo unido”, les dijo el presidente.

Colo Colo venció por 2-1 al conjunto brasileño y se convirtió en el primer equipo chileno en ganar en el Maracaná. Luego de la victoria, Allende envió un telegrama de felicitaciones. En Santiago, miles de fanáticos salieron a la calle y festejaron el triunfo. Colo Colo siguió su gesta y dejó atrás al equipo brasileño y a Cerro Porteño de Paraguay, para acceder a la final de la Copa Libertadores por primera vez en su historia. Lo esperaba Independiente.

El partido de ida terminó empatado 1-1. Allende se encontraba en Buenos Aires para la asunción de Héctor Cámpora, por lo que el plantel y el presidente se encontraron nuevamente, esta vez en la embajada chilena en Buenos Aires. Una imagen de la época los muestra juntos en la plaza San Martín. La revancha disputada en Santiago terminó con un empate 0-0, por lo que el partido decisivo se disputaría en Montevideo. Allí, un gol de Miguel Ángel Giachello en tiempo suplementario le dio la victoria a los rojos por 2-1. Jugadores e hinchas chilenos aún recuerdan algunos fallos arbitrales polémicos en la serie final. Más de 10 mil personas festejando por las calles de Santiago, recibieron a Colo Colo en Chile tras la derrota.

Tres semanas después del final de la Copa, ocurrió el llamado Tanquetazo, una sublevación militar en contra del gobierno socialista, detenida por los soldados leales de las Fuerzas Armadas. En Julio de 1973, buena parte del plantel de Colo Colo se integró a la selección de Chile, que venció a la Argentina por la Copa Carlos Dittborn, un torneo disputado entre 1962 y 1976 entre ambos países. Por primera y única vez en la historia, el trofeo quedó en manos del conjunto trasandino.

En agosto, Chile derrotó a Perú y accedió a un repechaje frente a la Unión Soviética por un boleto para el Mundial de 1974. Sería la última gran gesta deportiva de los futbolistas colocolinos bajo la presidencia de Salvador Allende. El 11 de septiembre de 1973, las tropas lideradas por Augusto Pinochet derrocaron al gobierno democrático e instauraron una dictadura que duraría 17 años y dejaría 3200 muertos.

Para conseguir la Copa Libertadores negada en 1973, el Colo Colo debió esperar hasta 1991. Tras la vuelta de la democracia en 1990, el conjunto chileno venció a Olimpia en la final y se consagró campeón de América.

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13 de diciembre de 2012

Darío Franco llega a la U de Chile.


13.12.2012 - No tardó en cristalizarse la (anunciada) llegada de Jorge Sampaoli (DT) al banco de la selección chilena. El tricampeonato nacional logrado con la Universidad de Chile sumado a la espectacular Copa Sudamericana (2011) terminaron por derribar la puerta de la Roja sobre el nombre de Claudio Borghi (DT saliente) por la que el hombre de gorra hizo su ingreso triunfal.

De argentinos se trata. Desde el (revolucionario) proceso de Marcelo Bielsa al frente de la selección chilena, la ANFP se pone anteojos trasandinos a la hora de acopiar requisitos técnicos.

De este modo la U de Chile salió a buscar al reemplazante de Sampaoli. El argentino Ricardo Gareca (entrenador de Vélez, último campeón argentino) y el uruguayo Jorge Fossatti (entrenador de Cerro Porteño, último campeón paraguayo) fueron las altas y primigenias apuestas.

El representante Pablo Ceijas salió a agradecer el convite contando que el Tigre Gareca “declinó la posibilidad” de cruzar la cordillera. Y el propio Fossati, menos diplomático, aclaró que “tengo ganas de seguir en Cerro… si no ¿qué estaría haciendo acá”.

Ya dividida en opinión, la dirigencia de la U fue por su tercer nombre: el (también) argentino Darío Franco (43). Menos rutilante y experimentado; acaso más parecido a Bielsa (?), hermano menor de Sampaoli (?).



Jugador dirigido por Marcelo Bielsa (Newells campeón), colaborador suyo como observador de rivales y pasante en el Pinto Durán (campo deportivo de la selección chilena) durante la gestión de “el Loco” y una reciente y loable campaña en la B argentina (Instituto) eran matices débiles.

Las dudas dirigenciales (de la empresa que gerencia el club) se disiparon cuando Franco terminó la exposición de su proyecto. Una detallada explicación de su sistema de juego predilecto (3-3-1-3) en combo con un más exhaustivo informe de cada jugador de inferiores (con minutos de juego y rendimientos físicos) fueron las gotas que llenaron el vaso hacia la firma.

Así, levantada la (única) barrera contractual que entorpecía el trámite (revisión de contrato al primer semestre), Darío Franco se calzó el buzo de entrenador de la U de Chile con un acuerdo de 18 meses (revisión a los 12) y u$s 700.000 a repartir en el cuerpo técnico (Hernán Franco, Alberto Gómez, Paulo Garbetti y Pablo Sala), el mismo salario inicial de Jorge Sampaoli (que terminó cobrando u$s 1.300.000 anuales).

"Es el desafío más importante de mi carrera", fueron las primeras (y protocolares) palabras de Franco. “Hay una gran presión y la aceptamos. Confiamos en el plantel y en nuestra capacidad. De ninguna manera Sampaoli será una sombra".

Pero las sombras no se despejan con discursos; lo sabe Borghi, tendrá que demostrarlo Sampaoli y, un escalón debajo, el propio Franco. La huella bielsista en Chile no sólo es profunda sino que está viva.

Franco debutó como entrenador en el mismo Morelia (México, 2006) que lo vio retirarse como jugador (2004), pasó por los Tecos (06-07) y Atlas (08-09) para volver a Argentina con algo de roce, donde (el modesto) San Martín de San Juan hizo de trampolín para su llegada a la Córdoba natal: Instituto (Nacional B).

Su gestión cordobesa (21.06.2011 – 11.11.2012) fue la que detonó su nombre. Fue el año en que Ríver, junto a Rosario Central, Gimnasia y Esgrima, Huracán, Quilmes, Chacarita y Ferro hicieron del Nacional B el torneo paralelo de la Primera División.

Y fue que Instituto, con su dinámica ofensiva, toque corto y explosión, los miró a todos desde arriba durante dos tercios del torneo. Las miradas del fútbol argentino se posaron sobre Instituto (y sobre el Newells de Gerardo Martino, otro hijo de Bielsa).

En la brillante campaña de Instituto, Franco promocionó a Dybala, Burzio, Olivera, Piermarteri, Bernardi, Bianchi, Correa, Gotti y Gastaldi. Y Paulo Dybala (17) se convirtió en “la joya” para irse a Palermo (Italia) sin conocer la Primera argentina.

Precisamente el descubrimiento de “la Joya” fue el inicio del fin. La novela y manejos de su pase fueron la ruptura dirigencial. El desgaste físico y mental del (observado) plantel más el (tenso) entorno institucional hacia las últimas fechas provocaron una importante merma en el rendimiento.

Instituto perdió puntos importantes en la recta final. River fue (unánime) campeón y los pibes de Franco tuvieron que dirimir la promoción de ascenso con el (unánime) San Lorenzo de Almagro.

Instituto no ascendió. Su plantel se cotizó: Dybala, Barsottini, Encina, Fileppi, Gagliardi, Lagos, Videla y Sills fueron vendidos. Al cabo de pocas fechas del nuevo torneo, de magros resultados y la renuncia de la parte dirigencial que lo había acercado al club, Darío Franco cesó sin apoyo.



Así llega Franco a Chile, acaso como otro hijo de Bielsa, calificado de fundamentalista, obsesivo, ofensivo, intenso y (no poco) ofuscado. Características menos garantistas de éxito que de curiosas similitudes a un maestro ausente.

Aprendiendo también el capítulo mediático de su profesión, Darío Franco aparece en su presentación oficial con una mano vendada: "La venda que llevó en mi brazo es porque no me gustó como estaba jugando mi equipo y en un entretiempo le pegué a una chapa de la puerta del camarín."

Isaac Díaz, César Cortés y Ramón Fernández (la gran figura del Torneo de Clausura) son los nuevos recursos que la empresa Azul Azul pone a disposición del entrenador.
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