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29 de enero de 2017
21 de agosto de 2016
Racing en Mozambique.
El día a día de una remota aldea africana donde la argentinidad está en los voluntarios, el cura y la iglesia pintada con los colores de Racing.
MAPUTO. Son las 11 de la mañana en la capital de Mozambique, al sur de África. El sol está parado en la nuca de todos nosotros: una lamparita feroz que nos persigue. Las rutas de gran parte del país están cortadas por la Renamo (la oposición a la Frelimo, el partido gobernante hace más de 35 años), que dispara a los que se aventuran hacia el norte. La población lo toma con calma, apenas mira las noticias desde afuera de los bares y sigue su vida sin apuro. Ahora mismo, mientras esperamos que la combi arranque, somos una pequeña población de siete personas que debe llevar adelante su vida sin ninguna prisa. Yo, inquieto. Mis pares, calmos. Vamos todos hacia el mismo lado: sin importar cómo me ponga, voy a llegar a la misma hora que el muchacho de 17 que apoya su cabeza contra el vidrio y duerme. La mecánica es siempre igual en toda la estación de ómnibus de Maputo: uno llega, busca la combi que va hacia donde se intenta llegar, paga su boleto y ocupa un lugar. Sólo cuando hayan llegado al menos 16 personas que van en la misma dirección la combi arranca, de modo que uno puede llegar a las 9 de la mañana y ponerse en marcha recién a las 3 de la tarde; o llegar a las 3 de la tarde y ponerse en marcha a los dos minutos, si tiene la suerte de ser el que completa el cupo. Y aunque discuta y trate de convencerlos de las bondades de salir antes, el sistema funciona así desde hace décadas. Entonces me siento, agarro mi libro y encuentro que Ryszard Kapuscinski ya lo describió -exactamente el mismo sistema-, hace más de veinte años en sus primeras crónicas sobre África. Y algo del orden de la superstición me hace encontrar magia en esto de que la descripción aparezca justo en el capítulo que decido leer mientras me sucede eso mismo que se describe en esas páginas. Pero en vez de reposar en la superstición mantengo claro los límites de mi occidentalidad y hago que mi realidad inmediata se interfiera de pensamientos. Y leo sobre cómo son las cosas en el lugar donde estoy, para así entender mejor las cosas que ya estoy viendo -o viviendo- en el lugar donde estoy. Y me da calma. Tengo quinina y tengo mi libro. La magia queda del lado de afuera de la combi, mientras venden mandarinas, ojotas y cigarrillos sueltos.
Estoy camino a la misión Mangundze, una remota colonia en la provincia de Gaza, al sur del país, donde vive un cura argentino que trabaja hace años en Mozambique y cada verano aloja a un grupo de jóvenes, también argentinos, que viajan hasta ahí para construir aulas. Lo hacen desde 2012, cuando Nicolás Cipriota junto a cuatro voluntarios de TECHO (en ese entonces, Un Techo Para Mi País), llegaron por primera vez con la intención de ganar experiencia y aprender sobre otras realidades. Pero la recepción fue tal que desde entonces el grupo creció (ya son más de 50 voluntarios), y nunca dejaron de viajar. Hasta este año se llamaron A Mozambique, pero su nombre acaba de cambiar a Somos del Mundo. La intención es sencilla: combinar sus vacaciones con una labor social, construir aulas, alojarse en casas de familias dentro de la comunidad y generar un vínculo. Algo de eso se ve reflejado en el documental que la ONG Posibl (dedicada a difundir la acción de otras ONG), filmó sobre ellos y que este año compitió en el Festival Internacional de Creatividad Cannes Lions, en la categoría Mejor Documental sobre Impacto Social.
Llegar hasta la misión, como la llaman, no es tan sencillo. Hay que llegar primero a Maputo, a donde no hay viajes directos de Buenos Aires, luego ir a la estación de chapas (combis), tomar una a Xai Xai (menos de 200 kilómetros, más de 4 horas), y luego otra a Manjacaze para bajarse en Mangundze. El sistema de las combis es el de cualquier transporte público de país no desarrollado: paran donde quieren, entra tanta gente como quieren, manejan como pueden. En cada nuevo poblado que aparece súbitamente al costado de la ruta, el conductor siempre se detiene para que se apilen a nuestro alrededor diez, quince, veinte vendedoras de frutas. Tiran racimos de bananas para adentro y esperan que vuelen hacia fuera billetes o, más posiblemente, monedas. Nos ponen naranjas en la cara, bolsas de tomates a través de la ventana. La combi a los pocos segundos vuelve a arrancar, de prepo. Y se ve, achicándose a la distancia, cómo las mujeres salen corriendo al ataque de otra combi. Es domingo, creo, todos los días son como domingos. Días que pasan como moscas posándose en la piel, apenas, intentando dejar marcas mientras yo los espanto. El chofer sigue hasta Xai Xai, donde termina el trayecto. Pago. Procuran estafarme, me dejo, o no puedo evitarlo. "Kanimambo", le digo, tamo juntos, como dicen todos en Mozambique, en su mezcla de portugués con lenguas locales. Sonríen, no sé si por el kanimambo o por la estafa consumada. Voy en busca de la segunda van.
Son las cinco de la mañana de un lunes. El padre Joao se levanta. Ya empezaron a cantar algunos de los animales que rodean la manzana verde de su comunidad. Los chicos van llegando a pie. Algunos caminan pocos kilómetros, otros salen a las 3 de la mañana para llegar a tiempo al desayuno y a la escuela. El desayuno corre por parte del padre Joao, que desde hace un año ofrece lo que para muchos chicos de la zona es la única comida diaria. Dos galletitas y una bebida caliente que contiene todos los nutrientes de un almuerzo completo. De ahí, a la escuela. 600 chicos que pronto serán 15 mil, cuando se concrete el apoyo de una fundación que se puso en contacto con el padre. "Mozambique, nuestra tierra preciosa", cantan los chicos antes de entrar, "piedra a piedra construyendo un nuevo día". Es el himno de una tierra nueva. Piedra a piedra a las cinco de la mañana, cuando Joao, Juan Gabriel Arias en verdad, se levanta y pone en marcha esta especie de comunidad híbrida en el corazón de Mozambique. Allí, donde se alza una de las iglesias más grandes del país (dicen "la más grande", con la convicción de quien no imagina que algo mayor pudiera existir, pero chequear el dato es básicamente imposible), decía entonces allí, donde se alza esa iglesia, el padre Juan Gabriel creó una pequeña colonia argentina mozambiqueña. La argentinidad está en la nacionalidad del padre, en la cantidad de chicos voluntarios también argentinos que caminan por la zona, y en el hecho no menor de que esa iglesia, la más grande del país, es ahora un templo celeste y blanco, un templo, valga la locura, pintado con los colores de Racing Club de Avellaneda, depositario de los amores del padre. Por lo demás, todo es Mozambique alrededor.
"Para mí esto es como ganar un Mundial. En términos sacerdotales, es lo máximo a lo que puedo aspirar", dice ahora Juan Gabriel. Mientras, una mujer se le acerca y le toma las manos. Son ya cerca de las seis y media de la mañana. La mujer, la mamá, como se las llama a las mujeres adultas en Mozambique -y en gran parte de África-, mira a los ojos del padre y le dice algo en changana, una de las 30 lenguas reconocidas que hay en el país. El padre Joao atiende y responde. La primera vez que llegó a este país fue en 2003. Estuvo un par de años y volvió a la Argentina por pedido de Jorge Bergoglio, en aquel momento arzobispo de Buenos Aires.
Durante años fue y vino a Mozambique de a meses, pero a principios de 2014 se instaló de manera definitiva. "Acá hay gente que se está muriendo y con sólo estar puedo evitar que eso suceda. Por ejemplo, el otro día una mujer estaba dando a luz y eran las tres de la mañana, seguía con trabajo de parto y no estaba resultando. Y la llevé al hospital en la camioneta y ahí se salvaron la mamá y el chico. Si yo no hubiera estado para llevarla al hospital, se habrían muerto los dos."
La mujer que ahora le toma las manos y le habla en changana es otra. Parece de unos setenta años, pero Juan Gabriel dice que no tiene más de cincuenta. Hablan fluido, intento, pero no puedo juzgar su acento, es el primer argentino que veo hablando en changana, mismo idioma en el que da la misa. Cuando termina la conversación, se acercan otras mujeres. Traen ropa, monedas, paquetes de leche y hasta una gallina que intenta zafarse de las manos de quien la lleva. Una a una las mamás se le acercan al padre y le dan su ofrenda agachando la cabeza. Después, forman una especie de ronda y se ponen a cantar y bailar. Es, ahora sí, el estereotipo: gente feliz bailando y cantando alrededor de un rito cualquiera, prendas de colores que se mueven, mujeres que se arquean hasta el piso y vuelven a levantarse, armonías y contra armonías. Todas bailan mientras el padre, al centro, pone sus manos juntas e intenta seguir el ritmo. Las mamás lo miran, nos miran, y sonríen. Son las seis de la mañana y estamos en medio de una fiesta, que conforme va haciéndose más ruidosa atrae más gente. Entonces lo miro a Joao y le pregunto por qué. Se me acerca. Al oído me dice: "Alguien les dijo que hoy es mi cumpleaños, entonces me trajeron regalos y ofrendas y están celebrando". Muchas de ellas tienen una remera blanca con la cara de un hombre sonriente. Es el último candidato a presidente por la Frelimo, el actual presidente del país. Abajo usan unas polleras hechas con piezas de telas de colores. Con ellas envuelven a los bebés, que también bailan aferrados al cuerpo de sus mamás, sus verdaderas mamás. "Yo no les digo nada porque no quiero decepcionarlas -me dice Juan Gabriel-, pero mi cumpleaños es el sábado que viene."
Mimi tiene malaria. Está mal de la panza, de la cabeza, tiene sueños extraños y se pasa las noches temblando. Se llama Michelle Rodríguez Palare. En Mangundze le dicen Mimi. Viajó a Mozambique por primera vez en enero de 2015. Ahora es la segunda vez que viene y tiembla en la cama mientras Juan Gabriel procura conseguir los medicamentos en el pueblo. Nadie, sin embargo, está alarmado. La malaria, bien tratada, no es el aguijón letal que sí es para quienes no tienen acceso a la medicina. La muerte, en la mayoría de sus casos, acá es una variante de la pobreza: morir de viejo es morir cerca de los sesenta, sobrevivir de chico es cuestión de azar, que te pique un escorpión o una serpiente a nadie le extrañaría, o que el parto no devenga en vida, o que la malaria vaya tomando cada una de las escenografías. Pero Mimí tiene malaria y tiene medicinas, y tiene agua tónica y tiene quinina, uno de los compuestos más efectivos para evitarla. Para ella no será más que una fiebre alta que convertirá en anécdota cuando ya no viva su aventura.
Habla despacio, Michelle, con una suerte de calma que uno no sabe si encuentra o si busca. Tiene la intención de quedarse al menos seis meses en el país, colaborando con distintos proyectos solidarios. "En un principio fue aleatorio -dice-. Somos personas que trabajamos voluntariamente en comunidades de la Argentina y estamos comprometidos con la realidad de nuestro país. Entonces, ¿por qué no también traspasar las fronteras políticas? El impacto que esto genera es inmedible. Es como cuando tirás una piedra al agua, la onda expansiva llega a un punto que se deja de ver, pero sigue resonando. Un mes nuestro, de nuestra vida, deja una huella que modifica la educación de miles de chicos que quizás no asistían a clase por calor o porque no había aulas." Es inevitable percibir en su discurso cierta sonoridad trillada de persona buena. Sin embargo, ahí la veo unos días después, ya casi recuperada, parada junto a la gente de la comunidad inaugurando un aula. Tal vez ser buena sea querer ser buena, después de todo, tal vez alcance con comprar el mejor papel posible.
El aula tiene techo de paja y paredes de caña y madera. Tiene puerta, tiene piso, y un pizarrón enorme. Al lado de una de estas aulas hay un pupitre desvencijado debajo de un árbol. Hay chicos que juegan por ahí, colgados de las ramas. Un poco más lejos, veo una chapa cortada a la mitad, agujereada, y unas maderas desprolijas sosteniéndola. Es lo que era el aula anterior: un potrero pequeño para hacer lo que se pueda. Las nuevas aulas parecen firmes. Los papás y las mamás de la comunidad están felices, bailan también, abrazan a los chicos, cantan. Mimi tiene la vocecita suave al estilo Belén Fraga. Un chico la abraza. El aula está ahí en pie, a su lado. Un aula en serio en medio de la nada.
Pepe para la pelota. Intenta meter un enganche pero se traba en la arena. Desde atrás llega el grito: que la pase rápido, que no la lleve. La pierde. El cinco del equipo visitante lo pasa por arriba como si fuera el capitán de la selección brasileña de fútbol playa. Pepe se ríe. Trata de volver, de ser un volante con ida y vuelta, pero para cuando está buscando su segunda bocanada de aire la pelota ya se clavó en el ángulo. Los tipos se ríen. No festejan el gol con el orgullo de los vencedores ni con ese gesto de provocación disimulada de todos los argentinos, en cambio lanzan carcajadas y se abrazan con alegría de amistoso, como si el gol fuera una fiesta para todos, para el universo, no sólo para los once del equipo fortuito que formaron ese día. Pepe, Mariano Petroselli, tiene algo de eso, un desenfado, un aire. Llegó a Mangundze por primera vez en 2014. Desde entonces volvió en enero de 2015 y en febrero de 2016. "Desde hacía varios años que me intrigaba mucho todo lo relacionado con África, sobre todo su historia y la realidad. Hay una especie de misticismo creado alrededor de este continente que hasta que no lo visitas no tomás dimensión real de lo que es", cuenta ahora. "En algunos casos, las aulas que construimos equivalen a la apertura de un curso más, es decir, si en una escuela tenían clases hasta 5° grado, gracias al aula que construimos se pueda también dictar 6°. En otros casos, implica que un curso que se daba a la intemperie debajo de un árbol, se dé dentro de un aula. Lo que significa que no se suspendan las clases por lluvia", explica.
Al presente, ya construyeron 32 aulas en 20 escuelas rurales en el sur de Mozambique. Cada voluntario paga su propio viaje. Entre todos, ayudados por rifas y acciones varias, van juntando los fondos necesarios para comprar los materiales de los que están hechos las aulas. El padre Juan los ayuda con los traslados: tiene un camión que le donó un amigo sudafricano y una camioneta con la que moverse por las comunidades. Gracias a ella, él pueda dar misa en decenas de lugares cada semana, donde lo esperan ansiosos, donde festejan con cantos y bailes cada vez que llega. En esa misma camioneta ayuda a los chicos a moverse: los deja en las escuelas y allí se quedan. Trabajan toda la semana, duermen en las chozas de las familias cercanas -paliota, las llaman-, y los fines de semana vuelven a la base, donde Juan los aloja y donde, a menudo, se recuperan de una malaria, una picadura de escorpión o simplemente del efecto de comer todos los días arroz con matapa, una especie acelga hervida sin demasiado gusto a acelga. "¿Qué aprendí?", dice Pepe. "A festejar hasta lo más mínimo. A encarar la vida con alegría, siendo conscientes de que siempre hay algo por lo que festejar y ser agradecido".
Cuando dejo Mangundze, después de varios días, la combi de pronto me parece un símbolo de civilización. Juan Gabriel paga por mí de antemano para que no me hagan precio de balungo, es decir, precio de blanco. Ya andando, miro por la ventana. En bicicleta, un muchacho negro de remera verde lleva a una nena vestida de rosa chillón en pendiente hacia arriba. Tambalea su cuerpo al compás de sus piernas, que presionan a su turno de un lado a otro, pedal sobre pedal intentando ganarle a la pendiente. La nena de rosa va quieta, mirando a un costado como si el don de la contemplación le viniera de nacimiento. De mi lado de la ventana, la pendiente sucede a la inversa. Y así vamos, todos en diferentes combis: seres extraños mirando para afuera, cazadores de momentos buscando dónde pedalear, constructores de aulas ajenas para que alguien enseñe lo que no sabemos. Así vamos, curiosos de temporada en el safari de nuestra incertidumbre.
Juan Cruz Sánchez Mariño.
Juan Cruz Sánchez Mariño.
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6 de septiembre de 2015
La primera victoria de Sudán del Sur.
El equipo de Sudán del Sur que ganó el primer partido oficial de su historia.
Liberado Sudán del vasallaje colonial inglés en 1956, la República de Sudán manifestó disidencias internas que terminaron por dividir el país en dos estados independientes. Después de dos guerras civiles y dos millones de muertos, el gobierno sudanés abrió la autonomía de Sudán del Sur tras un acuerdo de paz firmado el 9 de enero de 2005.
Así, Sudán del Sur se convirtió en una región autónoma de Sudán con su propio gobierno y constitución interina, aprobada el 5 de diciembre de 2005. Luego de un referendo de independencia (01.2011) que arrojara un apoyo del 98,83 % a la independencia, el 9 de julio de 2011, Sudán del Sur se convirtió en el estado soberano más joven del mundo.
Unos meses antes de la propia independencia, en abril de 2011, ya funcionaba la Asociación de Fútbol de Sudán del Sur, luego miembro de la CAF y de la FIFA.
Ante la inminente separación de Sudán del Sur, Samuel Lolako Salih (entrenador del club Kator de Yuba) fue nombrado el 25 de mayo de 2011 para supervisar a la selección nacional. Como pasa habitualmente en los seleccionados de países que luego se dividen, todos aquellos jugadores de origen sursudanés que jugaron para Sudán antes de la independencia, pudieron sumarse a la nueva selección si lo deseaban.
El debut internacional de Sudán del Sur fue contra el club keniata Tusker el 10 de julio de 2011, juego organizado en el marco de las celebraciones de la independencia del país. El partido, jugado en el Estadio de Yuba, terminó con la victoria de los visitantes 1-3.
Tras incorporar al serbio Zoran Djordevic como DT, Sudán del Sur jugó su primer partido internacional contra otra selección el 11 de julio de 2012. El rival fue Uganda y el resultado 2-2. Poco después se volvería a enfrentar a la misma selección cayendo por un contundente 0-4. Entre medias de estos dos encuentros, se enfrentó a Kenia con la que cae derrotada por 0-2, y con Etiopía, con la que también cae 0-1.
0-3 vs Botsuana, 0-5 y 0-0 vs Mozambique, 0-2 vs Kenia y 0-2 vs Mali completaban el historial.
Hasta este fin de semana, cuando Sudán del Sur, la selección más joven del mundo, cantó victoria 1-0 sobre Guinea Ecuatorial, selección que había alcanzado las semifinales de la última Copa Africana. El histórico tanto fue obra de Chol Peter, al minuto 51 del partido. El primer grito de triunfo sursudanés llegó después de 11 partidos, cuatro años de independencia y tres desde la inclusión como miembro de FIFA.
Sudan: la guerra olvidada. Trabajo final realizado por Awad Mohamed y Carlos Vázquez, para el Master en Periodismo BCNY. IL3 - Universitat de Barcelona - Columbia University. Marzo de 2009.
2 de septiembre de 2015
El sueño americano de Kei Kamara.
Kei Kamara cumple hoy 31 años. Nació en Sierra Leona (África), uno de los tantos miserables enclaves coloniales ingleses hasta 1961, luego uno de los cinco países más pobres del mundo (sólo supera a sus vecinos Níger, Congo, República Centroafricana y Chad), grupos étnicos, guerras civiles, masacres, amputaciones de miembros, niños soldados y tráfico de diamantes.
Ensayó el fútbol en el Kallon FC, creado por Mohamed Kallon (ex Mónaco e Inter) hasta que, cumplidos sus 16 años (año 2000) partió como refugiado junto a su familia.
Tuvo suerte Kamara. Salir de África profunda, sol abrazador, pies descalzos y arena arriba. Guerra, sangre, pobreza y epidemias. Caminar al escape, al norte, sin dinero ni documentos, es una supina tentación a los mercaderes de esclavos, a la deportación y a la muerte misma.
Llegó a California, Estados Unidos. Comenzó su rodaje futbolístico en el Orange County Blue Star (California) y pronto lo contrató el Columbus Crew. La MLS (Major League Soccer) lo tiene aún en sus filas. Pasó por San José y Houston. Hoy hace goles para el Sporting Kansas City y se dice que pudo cumplir el sueño americano.
"No cambiaría nada de lo que he vivido. Me ha hecho el hombre que soy hoy. Mi pasado me ha hecho respetar a mi país y estar preparado para los sacrificios. No quiero que nadie se críe en una situación como la que viví yo al crecer.”
Incluso pudo haber jugado para la selección norteamericana pero no deja de llevar puesta la camiseta verde de los Leone Stars (apodo del seleccionado de Sierra Leona) y de seguir el desarrollo de la epidemia de Ébola para enviar sus colaboraciones.
"Les debemos mucho a los hinchas, a la gente. Sabemos de dónde venimos, lo lejos que hemos llegado y adónde queremos ir...".
El llamado “sueño americano” de Kei Kamara quedó retratado en un breve documental llamado “Soccer in Salone”. Y se sabe que tras cada “sueño americano” hay innumerables muertes indocumentadas o que estas muertes son la contracara y constitución de aquél descollante sueño.
Kamara fue adoptado por Estados Unidos y está agradecido:
“Fue una bendición venir a Estados Unidos, y agradezco todo lo que se me ha dado. Ahora intento utilizar mi posición para devolverle algo a mi país."
No obstante, su momento de gloria fue en 2013, cuando fue contratado por el Norwich City inglés. Kamara se embarcó a Inglaterra, el país que colonizó su tierra ancestral, para jugar en la Premier League. Su paso duró un suspiro. Enseguida lo derivaron a la segunda categoría (The Championship) para ponerle la camiseta del Middlesbrough. Pero Kamara se llevó de Inglaterra “el orgullo” de convertir el primer gol de un sierraleonés en la Premier League. Fue el 23 de febrero (2013), ante el Everton, en Carrow Road, y no se borrará de su memoria, como no podrán borrarse los 150 años de colonia inglesa sobre la golpeada Sierra Leona.
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24 de enero de 2014
Moise Katumbi, el Abramovich africano.
El fútbol fue como dulce de leche para las moscas. Grandes magnates fueron llegando y hace un rato que ya puede armarse un ránking de millonarios dueños de clubes de fútbol. Roman Abramovich en el Chelsea inglés fue uno de los desembarcos más mediáticos, Nasser Al-Khelaifi en el PSG (Francia), Mansur bin Zayed al Nahyan en Manchester City (Inglaterra) y Dmitry Rybolovlev en Mónaco (Francia) también hicieron ruido. Hablar de Mauricio Macri (Boca Juniors, Argentina) o Sebatián Piñera (Colo-Colo, Chile), sería una breve adecuación político-latinoamericana del asunto. Y mencionar a Moise Katumbi acaso una adaptación africana.
Moise Katumbi (49), gobernador de Katanga, la provincia más sureña de la República Democrática del Congo, preside por estos años el TP Mazembe, devenido en el club más ganador del país.
Mazembe lleva adelante las iniciales TP (Tout Puissant, “Todo Poderoso”), título autorreferencial añadido después de ganar su primer título de Liga invicto en 1966, pero se apodan Les corbeaux (los cuervos) a pesar de la imagen de un cocodrilo estampada en su escudo (?). La sede del club se asienta en Lubumbashi, capital provincial y segunda ciudad congoleña que, por estos días, asiste a la construcción de un tanque de agua (2500 metros cúbicos) con el que se planea aumentar en un 80% el suministro de agua potable para sus 1.5 millones de habitantes (a cambio de u$s 37 millones financiados por el Banco Mundial).
Moise Katumbi, hijo del judío sefardí Nissim Soriano, nació en Katanga luego de que su padre llegara allí huyendo, entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, de la isla de Rodas (entonces controlada por el fascismo italiano) y es gobernador provincial desde 2007.
Volvió al país en 2003, después del largo período de guerras civiles dadas desde la misma independencia congoleña (1960) con su cénit de muerte y violencia en los últimos cinco años (1998-2003), en lo que se llamó “La Segunda guerra del Congo”: los combatientes provenientes de 9 naciones (bajo la sombra de Estados Unidos), más las 20 facciones armadas nacionales, lo convirtieron en el conflicto continental africano más grande de la historia, provocando la muerte de 3.8 millones de personas (mayormente por hambre y enfermedades prevenibles), cifra que pone al conflicto como el más mortífero desde la Segunda Guerra Mundial, sin contar los refugiados.
Unos 20.000 soldados de Naciones Unidas permanecieron en el Congo para llevar a cabo la misión de paz más grande del mundo. No obstante, la ONU fue públicamente criticada por organismos de derechos humanos luego de que se supiera de la violación masiva de 240 mujeres, niños y bebés entre miles de asesinatos (hacia 2010, en pleno Mundial sudafricano).
Pese a la paz formal alcanzada en 2003 en Pretoria y al acuerdo de establecer un gobierno de unidad nacional, la institucionalidad estatal sigue siendo débil y escasa en grandes sectores del país, donde existen todavía brotes esporádicos de violencia.
Con el agua más calma, una relativa paz y cierto “orden institucional”, Moise Katumbi pudo comenzar a desplegar sus negocios en paralelo a una carrera política (Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia) que le obligó pasar a nombre de su esposa el conglomerado empresarial (minera MCK, patrocinadora del Mazembe). En este marco, el TP Mazembe se convirtió, en muchos aspectos, en un club modelo a nivel continental.
13 ligas, 5 Copas del Congo, 4 Ligas de Campeones, 1 Recopa Africana y 2 Supercopas de la CAF se suman a la histórica final de la Copa Mundial de Clubes (derrota vs Inter, 2010) que multiplicó el nombre del TP Mazembe a nivel global.
La voz de Moise Katumbi entonces salió al mundo (a través de CNN, claro): “El fútbol es algo muy bueno para los niños, porque los aleja de hacer cosas malas… Pueden ayudar al país, al equipo nacional y a sus familias porque hoy podemos ver que el dinero que entra al fútbol es una locura”.
Sin más, el presidente optó por invertir en jugadores congoleños y asalariarlos a nivel europeo para evitar su exportación. De tal modo, los sueldos de los jugadores son de hasta U$s 3.000 semanales en un país donde el sueldo promedio es de u$s 120.
“El TP Mazembe da el 80% de sus jugadores al equipo nacional del Congo”, dice orgulloso Katumbi, “Tenemos más de 2.000 jóvenes en nuestra academia, entrenando para ser el próximo Messi o Ronaldinho. Es como hacer programas sociales para la gente, por eso estoy en el fútbol, porque es social y no me gusta que nadie sufra”.
El presupuesto ayudó al TP Mazembe a ganar la Liga de Campeones Africanos en 2009 por primera vez en más de 40 años, y su postrera clasificación para el Mundial de Clubes FIFA.
Para los jugadores fue un momento muy significativo. Para la gente, acaso una bocanada transformadora en un país abatido por la guerra.
“Mi vida estuvo en riesgo muchas veces, pero con el fin de la guerra estoy feliz de que haya paz”, dijo (también a CNN) el capitán del TP Mazembe, Tresor Mputu, antes de su debut en el Mundial de Clubes 2010. “El futbol es un enorme factor de desarrollo en África, sobre todo en Congo. La gente ama el fútbol, y unifica aún en tiempos de guerra”.
El éxito de Mazembe (finalista) multiplicó la popularidad de Katumbi en todo el Congo, tanto, que el empresario pasó a ser visto como presidenciable. El 90% de Katumbi vota a su favor, allí es otro rico millonario adorado por multitudes pobres a la espera de que de su mano se desprendan agua, caminos y hospitales.
Su ambición política ya levantó voces disidentes tras frontera. Especulación, opacas cuentas de gestión, control sobre los medios de comunicación locales y el conflicto de intereses con las empresas a nombre de su esposa son temas a resolver (?). Mientras tanto, los resultados del exitoso TP Mazembe siguen hablando por él.
2 de octubre de 2013
Albino United: fantasmas en la noche de Tanzania.
02.10.2013 - Yassin es delantero, juega sin botines y él mismo es un botín. Hoy juega en el equipo porque sobrevivió a un ataque nocturno en el que intentaron cortarle los pies y las manos. Su hermano no tuvo mejor suerte: fue decapitado y mutilado en los campos donde sabían jugar al fútbol.
La (oscura) y temeraria noche de Tanzania está poblada de espectros: “Son fantasmas humanos, no son personas reales… ellos no mueren, sólo desaparecen”, dice un minero en el documental “John Haule”. Habla de los albinos.
“Cada noche, cuando nos sentamos a comer, tengo miedo de lo que pueda pasar”, cuenta un chico de 8 años en el documental “La Maldición” (Al Jazeera). Porque los albinos, en África y particularmente en Tanzania, son presa de caza.
Allí se los desprecia y margina. Incluso se escupe a su paso para ahuyentar su estela o contagio. Pero muerto, un albino es un tesoro. Pelo, manos, pies y genitales de un albino son considerados objetos mágicos y utilizados por hechiceros locales para elaborar sus pócimas.
Un 35% de la población tanzana vive por debajo de la línea de pobreza y la gran mayoría subsiste con un dólar al día. Allí mismo una parte de albino cotiza unos u$s 2000 y un juego completo de extremidades se llega a pagar hasta u$s 75.000.
Se calcula que en el mundo hay un albino cada 20.000 personas, pero el misterio de Tanzania es que varía esos números para llegar a un albino cada 1400 personas (unos 170.000 en el país).
Estos números dan una creciente demanda de mercenarios que se traduce en noches de horror poco susceptibles de cuantificación estadística.
Los albinos que viven fuera de la capital (Dodoma) transcurren en crónico peligro. Abandonan sus familias y forman tribus propias en zonas tan rurales como apartadas, rogando no ser vistos y pululando en la oscuridad: el sol es su demonio y mueven los ojos sin parar porque no pueden controlar la cantidad de luz que entra en ellos. La falta de pigmentación los hace propensos al cáncer de piel (80%) con lo que su esperanza de vida ronda los 30 años. Pero esa oscuridad buscada es la misma que esconde las trampas nocturnas.
En "El club de los albinos", documental producido por National Geographic, un hechicero cuenta que “Normalmente, hacemos las pociones con huesos de albinos. Hasta ahora no he matado a nadie. Pero si sé que alguien tiene huesos de albino, se los compro para hacer pociones”.
En “La Maldición” (Al Jazeera) el niño que le teme a la noche cuenta que su hermano de 8 años aún está en el hospital con la mano cercenada. Su padre y su madrastra (ahora presos) lo vendieron a un mercenario que cenó con ellos sentado a la mesa mientras mutilaban al chico en el fondo.
Más de 100 albinos tanzanos fueron asesinados en los últimos cinco años. La secretaria de Derechos Humanos de la ONU, Navy Pillay, condenó los “crímenes horrorosos” de niños albinos luego del crimen de uno de 7 años en enero (2013). El gobierno del país tomó varias medidas para frenar el exterminio como nombrar diputada a la albina Al Shymaa Kway Geer o suspender las licencias de todos los curanderos, pero la más eficaz acaso sea la que brotó de la propia comunidad albina y tiene al fútbol como canal.
Albino United surgió en 2010 con el afán de “demostrarle a la gente que somos humanos", según Mau (integrante del plantel) y se compone (casi) únicamente de jugadores albinos. Charles (24), el arquero, es el único jugador negro del equipo: “Mis compañeros de equipo no ven bastante claro para defender la portería. Sus ojos son demasiado claros y sensibles a la luz. Es mejor que yo me ocupe de parar y ellos que corran y de vez en cuando marquen un gol”.
Todas las tardes, entre las 17 y las 19, junto al hospital oncológico de Dar es Salaam se reúne a entrenar el equipo dirigido (y fundado) por John Haule: “Todos creían que estaba loco y que además era muy peligroso”, cuenta el DT.
Con camiseta verde y vivos amarillos, Albino United comenzó a competir en la Tercera División del fútbol de Tanzania. Los primeros pasos fueron difíciles: partidos al crepúsculo, derrota tras derrota, risas multiplicadas y efecto boomerang (?).
El primer partido lejos de su estadio lo jugaron en Mwanza, la zona en la que se produjeron más asesinatos. Un ómnibus cargado de albinos cruzó el país. 24 horas de viaje (escoltados por policía), un recibimiento aterrador y el eco de las burlas fueron el preludio de la primera victoria (0-2).
“Cuando perdíamos todos lo veían lógico porque pensaban que por ser albinos éramos inferiores, pero ahora que ganamos todos se preguntan como han podido perder contra un equipo de albinos. En ese momento empiezan a entender que no hay diferencias entre unos y otros“, dice Yassin.
Albino United terminó la temporada en cuarto puesto (7 victorias en 11 partidos) y se convirtió en una sensación en Tanzania, llegando a jugar el último partido de la campaña ante 60.000 espectadores en el Estadio Nacional. Fueron (y son) fotografiados, reporteados y publicados. Fueron los invitados por la FIFA al Mundial de Sudáfrica, besaron la Copa del Mundo, compartieron un entrenamiento con Didier Drogba y otro con los Elefantes de Costa de Marfil.
Hoy sueñan…la Vodacom Premier League (Primera División) es la meta.
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17 de enero de 2013
8 hermanos en la Copa Africana de Naciones 2013
La XXVIII edición de la Copa Africana de Naciones (CAF 2013) se desarrolla entre el 19 de enero y el 10 de febrero de 2013 entre las 16 naciones clasificadas:
GRUPO A: Angola, Cabo Verde, Marruecos y Sudáfrica.
GRUPO B: Ghana, Mali, Níger y RD Congo.
GRUPO C: Burkina Faso, Etiopía, Nigeria y Zambia.
GRUPO D: Argelia, Costa de Marfil, Togo, Túnez.
Libia, la sede programada originalmente para el torneo, fue reemplazada por Sudáfrica a raíz del conflicto armado que estallara en febrero de 2011 y terminara con la muerte de su presidente Muammar Khadafi (a manos de ejércitos pro estadounidenses).
Luego del ofrecimiento de Egipto como anfitrión, el 25 de agosto de 2011 la Confederación Africana de Fútbol dispuso trocar las sedes, aprovechando los estadios mundialistas de Sudáfrica 2010 y quedando Libia como anfitriona de la próxima edición (2017).
El torneo continental más impredecible de la tierra fue ganado 7 veces por Egipto (1957, 1959, 1986, 1998, 2006, 2008, 2010), 4 veces por Ghana (1963, 1965, 1978 y 1982), 4 veces por Camerún (1984, 1988, 2000 y 2002), 2 veces por Nigeria (1980 y 1994), 2 veces por la RD Congo (1968 y 1974) y una vez por Costa de Marfil (1992), Zambia (2012), Túnez (2004), Sudán (1970), Argelia (1990), Marruecos (1976), Etiopía (1962), Sudáfrica (1996) y Congo (1972).
2 son los anfitriones de la XXVIII edición de la Copa Africana de Naciones (2013): Guinea Ecuatorial y Gabón coorganizarán este certamen de tres semanas de duración en la que pelearán 16 contendientes. La otra única edición que dos países organizaron conjuntamente fue la de 2000, año en el que Ghana y Nigeria tuvieron que sustituir a última hora a Zimbabue, la nación elegida originalmente para albergar la competición.
3 debutantes aparecerán en esta fase final, una cifra importante de recién llegados para una fase final continental. Botsuana y Níger se revelaron como las grandes sorpresas de la competición preliminar, mientras que la Nacional Nzalang de Guinea Ecuatorial se clasificó automáticamente (por coanfitrión) e inaugura el torneo, en Bata, vs Libia.
5 son los goles que Laurent Pokou (Costa de Marfil), marcó en un único partido en la fase final de 1970, celebrada en Sudán (6-1 a Etiopía). Se trata de un récord con más de cuatro décadas de antigüedad, amenazado en muy pocas ocasiones, que también es la mayor goleada registrada en el torneo.
8 jugadores seleccionados para las fases finales forman parte de parejas de hermanos: Yaya y Kolo Touré (Costa de Marfil), André y Jordan Ayew (Ghana), Bertrand y Alain Traoré (Burkina Faso), Christopher y Felix Katongo (Zambia).
8 son las veces que Egipto y Ghana disputaron la final de la Copa Africana de Naciones. Los Faraones (no clasificados en 2013) ganaron siete de esos ocho partidos decisivos (perdieron en 1962 vs la anfitriona Etiopía, en Addis Abeba) y Ghana (4G 4P).
9 es la máxima cantidad de goles anotados en un único partido de la fase final: fue Egipto 6 Nigeria 3 en Ghana 1963. Egipto ganaba 4-0 al entretiempo y los otros cinco goles se produjeron en los últimos 12 minutos del encuentro.
16 años tiene Bertrand Traoré (Burkina Faso) que no llega a superar el récord de jugador más joven ostentado por Shiva Star Nzigou (Gabón) que debutó con un gol en 2000 con 16 años y tres meses.
18 árbitros dirigen en la Copa Africana de Naciones 2012 junto a un total de 21 asistentes, todos africanos. En el plantel figuran dos árbitros y dos asistentes que participaron en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010.
23 segundos tardó Ayman Mansour (Egipto), en marcar el gol más rápido de la historia de la CAN: Egipto vs Gabón en Túnez 1994.
36 partidos incluye el récord de participaciones de Rigobert Song con Camerún en ocho fases finales, entre 1996 y 2010. Además, el jugador comparte con Ahmed Hassan el récord de ocho ediciones diferentes disputadas, aunque el egipcio tan sólo figuró en la lista de seleccionados en 1996 y no llegó a entrar en juego.
89 es el récord de partidos que Egipto disputó en las fases finales de la Copa Africana de Naciones. Los Faraones también ganaron más encuentros (51) y convirtieron más goles (151) que nadie en este certamen.
99 goles se marcaron en Ghana 2008 en un total de 32 partidos, una marca de la competición todavía imbatida. En la última fase final (2012), el total ascendió a 70, aunque se cancelaron tres partidos debido a la retirada de Togo.
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14 de enero de 2013
"Amén": fútbol en África.
14.01.2013 - Jessica Hilltout (fotógrafa belga) estaba en Pacasse (Mozambique) cuando se detuvo en un pueblo, localizó a un entrenador de fútbol y pactó habló con él. Organizaron un partido entre el Inha Vento, equipo local, y sus vecinos, los jugadores del Barcelona.
El termómetro marcaba 35 grados y a la fotógrafa le sorprendió que los jugadores del Barcelona llegaran a pie, vestidos con enormes abrigos de lona, con sombreros similares a los de los esquimales.
“Me di cuenta de que estaban imitando a los equipos ingleses, por ejemplo, que llegan al terreno de juego en el medio del invierno con eses atuendo”.
“En África, el fútbol no es una religión. Pero es todo lo que una religión debe ser. Cada aldea en África tiene un templo al aire libre con porterías en los extremos opuestos y seguidores devotos en el centro. Y como todo lo que es verdaderamente precioso, es una necesidad, como el pan y el agua. Amen. Así sea”.
De estas palabras del libro escrito por Ian Brower, nace el título de Amen, el proyecto que se hizo serie fotográfica y que vio la luz en formato de libro.
En tiempos mundialistas (2010), durante ocho meses, la fotógrafa belga Jessica Hilltout recorrió el sur y suroeste de África en un viejo escarabajo, pasando por Mozambique, Ghana, Sudáfrica o Togo. Llevaba una Hasselblad, una lente de 80 milímetros, su medidor de luz, una pequeña cámara digital, una impresora y, por supuesto, un stock de pelotas desinfladas.
Cada fotografía implicaba una especie de contrato de confianza. Los chicos que aparecen fotografiados debían conocer la filosofía del proyecto y después, decidían si querían o no formar parte.
Jessica pasaba cuatro días a la semana en los pueblos africanos. Localizaba a un profesor, un amigo o a un antiguo futbolista que ejerciera de anfitrión para retratar a los pibes.
En un libro de viaje, anotaba sus nombres, los equipos en los que jugaban. Entre las anécdotas, también el esfuerzo que supone a los jóvenes futbolistas enfrentarse con sus rivales. Como equipo visitante, los partidos suelen ser a las cuatro de la madrugada, a kilómetros de distancia de su pueblo y con estancias de más de cinco días fuera de sus casas.
Así nació entonces Amen, una serie fotográfica y un libro que muestra los balones hechos a mano con los que los niños juegan en el continente africano, pequeñas joyas, elaboradas con medias viejas, bolsas de plástico o cuerdas, que atestiguan de manera casi antropológica el amor por el fútbol.
“Queríamos demostrar que ese deporte existe todavía de una forma muy pura. En África, el fútbol no es sólo una pasión, es una necesidad, uno de los elementos esenciales de la vida”.
Así, esta serie retrata cómo un continente entero se las arregla para hacer tanto con muy poco. Amen le habla al espectador de “la dignidad, la fuerza, la solidaridad, los sueños y la perseverancia”.
FÚTBOL EN SUDÁFRICA
BRUJERÍA Y FÚTBOL EN ÁFRICA
LAS PALANCAS NEGRAS DE ANGOLA
EQUIPOS AFRICANOS EN MUNDIALES
PITCH AFRICA
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25 de octubre de 2012
KATLEGO, balón oficial de la CAN 2013
El balón oficial de la Copa Africana de Naciones 2013 rodará en Sudáfrica (sede reemplazante de la original Libia) en la edición especial (luego de la CAN 2012) que empieza la serie bienal en años impares para evitar la coincidencia mundialista (2014).
Superando a “Khanya” (luz), y “Motswako” (mezcla), el nombre “Katlego” (éxito) se impuso en la votación que durante tres semanas adidas puso vigente a través de la web.
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10 de septiembre de 2012
Brujería y fútbol en África
Un “safari” (viaje) a la esencia espiritual de África, donde magia, brujería y superstición se constituyen en exégetas del mal y lo inexplicable de modo de sobrellevar (mejor) este misterio que es la vida.
Adivinos y hechiceros elevados por la insatisfecha necesidad de seguridad y protección espiritual reciben entre sus más habituales clientes a plurales jugadores de fútbol.
Paseos de madrugada por el cementerio, ungüentos en los pies (contra lesiones), entierros de pociones (para que el rival juegue como si estuviera muerto), pieles de vaca, sangre de gallina, entierro de cabras, pezuñas de cebra, grasa de león...
La Confederación Africana de Fútbol intentó prohibir la brujería en el fútbol mucho antes del anuncio de que Sudáfrica sería anfitriona del Mundial 2010. Pero es inútil. Nigeria, Ghana, Sudáfrica, Tanzania… en toda África los espíritus tienen casi más trabajo que sus terrenales habitantes que respetan la inevitable influencia de las almas de los antepasados.
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1 de septiembre de 2012
Apodos: las Palancas Negras de Angola
01.09.2012 - Joven selección de joven país, las Palancas Negras debutaron como equipo en 1977 venciendo a Cuba (1-0), país con el que los angoleños estrecharon lazos y participaron activamente contra el apartheid sudafricano.
Colonia portuguesa desde el siglo XV, Angola se independiza recién en 1975, después de una guerra de guerrillas de 14 años (04.02.1961) y la Revolución de los Claveles en Portugal. Le quedó el nombre, Angola, una derivación portuguesa del término bantú N’gola, que refiere al título de los jefes del Reino de Ndongo que existía entre los siglos XV y XVI (momento del establecimiento portugués en Luanda) y estrechos lazos amistosos que pudieron reconocerse en el debut mundialista de las Palancas Negras vs (casualmente) Portugal en 2006.
Tan modesta su participación futbolística en torneos internacionales como en el concierto de naciones y el índice de Desarrollo Humano (ONU), luego de dejar atrás 27 años de guerra civil (hasta 2002).
Una extensión de 1.246.700 Km2 cuyo 60% está cubierto por selva, alberga a unos 19 millones de habitantes (60% concentrado en zonas urbanas, 40% con agua potable y 20% con electricidad) que tienen una esperanza de vida de entre 45 y 50 años.
No puede soslayarse que desde el fin de la cruenta guerra interna (fogoneada por Estados Unidos y una parte sudafricana) Angola está a la cabeza de las naciones africanas en cuanto a mejorías. Con Nigeria es el mayor exportador africano de crudo: Estados Unidos y China se reparten en partes iguales el 80% del petróleo angoleño. No obstante los lazos con los chinos son (por elección) algo más profundos (es común ver a cientos de obreros chinos construyendo caminos, ferrocarriles y estadios de fútbol en todo el país).
Pero así como exportador de petróleo, Angola importa el 89% de los artículos de primera necesidad debido a su escaso desarrollo de producción alimenticia, energética y del ámbito rural (inmensas extensiones de campos minados producto de la guerra civil).
Pese a las mejoras macroeconómicas, la desigualdad es aún inviable: el coeficiente de Gini llega a 58,6 (0 es la igualdad perfecta y 100 la desigualdad absoluta) y creció en la última década, dando por ejemplo una tasa de mortalidad infantil de 176/1000, un 45% de niños con desnutrición crónica y un simultáneo índice de natalidad de 6 niños por mujer.
En la gran meseta angoleña es donde vive el antílope sable o negro (Hippotragus niger, caballo macho cabrío) que le da el apodo a la selección nacional de fútbol: Palancas Negras es el término en portugués que, en la mitología africana, simbolizan la vivacidad, la velocidad, la belleza y la agudeza visual.
Son antílopes grandes (de hasta 250 kg) de patas largas, cuello grueso y una característica máscara facial negra sobre fondo blanco que prefieren andar entre los árboles de la selva (herbívoro) y, fuerte y resistente, luchan a todo o nada contra sus depredadores.
Las Palancas Negras son habitué de la Copa Africana de Naciones a la que clasifican ininterrumpidamente desde 2006, año en que participaron de su único Mundial (Alemania) y cuya clasificación (08.10.2005) se tradujo en un literal feriado nacional.
No ganó en Alemania (0-1 vs Portugal, 0-0 vs México y 1-1 vs Irán) y tampoco clasificó para Sudáfrica (2010) pero ya pelea su lugar para Brasil 2014, ahora de la mano del flamante entrenador uruguayo Gustavo Ferrín (53) que acaba de debutar en un amistoso frente a Mozambique (2-0) en el Estadio Nacional de Ombaka (Benguela).
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18 de enero de 2012
Guía de la Copa Africana de Naciones 2012.
19.01.2012 - Gabón y Guinea Ecuatorial se presentan como anfitriones de la 28º edición de la Copa Africana de Naciones 2012.
Con las notables ausencias de Camerún, Nigeria, Sudáfrica Argelia y Egipto (campeón de las últimas tres ediciones), el torneo se juega entre el 21 de enero y el 12 de febrero (2012) y el ganador recibe una invitación para participar en la Copa Confederaciones de 2012.
La Guía de la CAN 2012 es iniciativa de David Fernández, Dani Rivera y David de la Peña.
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