“Un karma, una tortura que tenemos que llevar sobre los hombros…” dice Javier Mascherano con lágrimas en los ojos. Palabras que, en otros tonos, aparece en los títulos de los portales deportivos internacionales.
Argentina cae en su sexta final consecutiva en 20 años (Copa Rey Fahd, ex Confederaciones de 1995, 0-2 vs. Dinamarca en Riad; Copa América 2004, 2-2 [2-4penales] vs. Brasil, en Lima; Copa Confederaciones 2005, 1-4 vs. Brasil, en Frankfurt; Copa América 2007, 0-3 vs. Brasil, en Maracaibo; Mundial 2014, 0-1 vs. Alemania, en Río de Janeiro y Copa América 2015, 0-0 [1-4p] vs. Chile, en Santiago).
La segunda final que pierde en 2 años. La tercera que pierde en 8 años. Y la supuesta “maldición” se conjuga con el “pecho frío”, la falta de “hambre” o “rebeldía”, la estadística fácil y la volatilidad exitista del hincha.
Argentina perdió en 2007 (0-3) porque aquel equipo comandado por Alfio Basile (DT) desde afuera y Juan Riquelme desde adentro fue netamente inferior a su rival (Brasil). Perdió la final del Mundial (vs Alemania) porque también fue inferior a Alemania (la falta de categoría de jugadores como Higuaín y Palacio, entre otros factores, así lo determinan). Y perdió la Copa América 2015 vs Chile porque la estrategia grupal de Samapoli (DT) superó a la de Martino (DT). No hay místicas ni maldiciones. Hay fútbol y estados de ánimo.
En modo inverso al patrón de estancia o dueño de empresa que reparte menos sus ganancias que sus pérdidas, en grandes sectores locales podría leerse que “si ganan, ganamos todos; si pierden, pierde el pecho frío”.
En la atmósfera la palabra “Messi” ya casi pierde sentido. Desde la definición de penales, cuando la parcialidad chilena que colmaba el Estadio Nacional coreaba “Messi cagón” (rescatado como título por el recalcitrante diario El Mundo de Madrid) hasta bares, mesas, programas televisivos y hashtags saturados. Fotos de Maradona copa en mano, la revaloración de sus títulos y el honor a su rebeldía irrepetible en el momento de recibir medallas de subcampeón son mosaicos de este público.
Messi dio tres asistencias y marcó un gol (de penal vs Paraguay) durante el torneo (6 partidos). Jugó todos los minutos posibles (540), remató más veces al arco que nadie, regateó más veces que toda la selección paraguaya junta, es el jugador con mayor acierto de pases en campo contrario (82%) y el que más pases recibió. Messi fue quién generó la más clara situación de gol de la final ('90) y el único que batió al arquero Bravo en la tanda final de penales.
Sus padres (Celia y Jorge) y hermanos (Rodrigo y Matías) fueron agredidos en el estadio Nacional de Santiago durante la final. Protestar una infracción de Marcelo Díaz a Lionel los hizo acreedores de insultos y escupitajos hasta ser retirados al palco por intercesión del embajador argentino en Chile (Ginés Gonzalez García).
Y probablemente Messi siga jugando para la Selección Argentina.




























