Mauro Gurevich, El Gráfico.
LA CAMPAÑA
Pudo haber sido en Entre Ríos, Santa Fe o Paraguay, pero el vago nació en el norte correntino para bajar a los barrios porteños cuando se separaban los Betales y despuntaba Johan Cruyff. El barrio porteño recibió a la familia de los seis hermanos en la unánime habitación de un conventillo de baño lejano y el empedrado de Barracas cruzaba a los mayores en sus mandados de trabajo. Beto, el menor, no era el más solícito; sus empleos de cadete no fueron duraderos, los trámites vespertinos solían alargarse café y medialunas mediante pero su asistencia era perfecta cuando de ir a la Bombonera se trataba. La situación íntima mejoró cuando el padre encontró su segundo puesto de portero – siempre en el sur – para repartir la tropa en cuatro cuartos. En los años del Mundial 78, cuando ya duplicaba su salario jugando en la villa, estuvo “guardado” unos días, averiguación de antecedentes – le decían – portación de humildad barrial o reunión grupal; tampoco era el más correcto de todos cuando se reunía en el bar. Ahí le llegaban los pedidos para los equipos que se encontraban villa adentro: la importancia de salvar el mango y el desequilibrante Beto. Una tarde como cualquier otra cruzó el puente y se fue a probar a Rácing. Cacho Jiménez lo tomó pero no llegó a tiempo para fichar y de aburrido se fue a seguir laburando y pateando por Barracas entre veredas roídas y olores raros.
En febrero de 1974, con la mayoría de edad recién cumplida y una mochila flaca, llegó a tentar suerte en Buenos Aires con la sólida idea de vivir del fútbol. Su currículum no era más que su juego en la primera de Huracán de Chabas – un pueblito de la provincia de Santa Fe - desde los 14 años y su ambición originaria era Boca Júniors. No sería tan fácil. La prueba en Boca no pudo ser ( no la consiguió) pero poco amilanado fue a probarse a San Lorenzo, el campeón del gringo Scotta que con los Matadores había ganado 4 de los últimos siete torneos argentinos. Lo aprobaron el Nene Sanfilippo y Osvaldo Diez, pero como la ficha no contemplaba el pago de una pensión terminó yendo a Ferro Carril Oeste. Allí comprobó que ningún fichaje incluía pensión en Buenos Aires y decidió quedarse después de ser aceptado por Antonio Garabal y Edgardo Marchetti. Viviendo a unas cuadras del club, sobre la calle Martín De Gainza, en la casa de su amigo Alberto Luciarini, se mantuvo con el trabajo en una imprenta y lavando copas en “La Tablita”, conocido restaurante de la calle Maipú.
“Cuando no aguanté más ese ritmo de vida, me planté ante los dirigentes y les dije que si no pagaban la pensión y la comida, me volvía a mi pueblo. Por suerte aceptaron, y me mudé a una pensión de la calle Videla, también en Caballito. Me acuerdo que siempre salía al balcón. En la casa de enfrente había una chica que hacía lo mismo. Era Cynthia, mi mujer.”
Su debut en la primera división del fútbol argentino fue el 7 de marzo de 1976: Ferro Carril Oeste 0 Independiente 0. Pero no pudo hacer pie en el primer equipo hasta cuatro años después (1980) con la llegada al club de Carlos Griguol. Una operación de meniscos y una más lenta recuperación, una defensa conformada por Rocchia, Papandrea, Iéllamo, Garay y el Peti Domínguez, un préstamo anual a Independiente Rivadavia de Mendoza y los huesos rotos de la cara “al chocar con el gordo Rota” lo dejaron listo como base de formación de aquel equipo histórico que comenzó a gestarse, “ese que decían que era aburrido, pero que a mi juicio jugaba muy bien, no pegaba patadas, no hacía tiempo, y tenía unos jugadores bárbaros como el Beto Márcico, el Fino Cañete y el Burro Rocchia, quien me enseñó muchísimas cosas del puesto”, el equipo que lideró las tablas argentinas durante 4 años consecutivos, consiguiendo dos subcampeonatos y dos títulos (los únicos en la historia de Ferro) en 1982 y 1984.
Cúper tenía un juego muy sincronizado. Al igual que los posteriores centrales de Ferro, Sergio Vázquez y Roberto Ayala, su contextura física no era imponente y las cualidades que también lo llevaron a la selección argentina eran eminentemente técnicas: velocidad, posicionamiento y sincronización. Cúper era un elegante tiempista que cabeceaba todo en las dos áreas.
Los últmos cuatro años de su carrera los hizo en Huracán, de donde se retiró en 1992 para automaticamente tomar la dirección técnica y llegar al subcampeonato (perdió con Independiente necesitando un empate en el último partido).
¿Vas a ser técnico? – le preguntaron un año antes.
“Es posible… no voy a ser griguolista ni babingtonista (los dos técnicos de su carrera), me voy a sumar a la ola que se viene: marcar los once cuando se pierde la pelota, y jugarla los once cuando la recuperamos. Eso sí, siempre en zona. Atrás, en el medio y adelante. Soy un fanático de ese sistema de marca.”
Ganó la Copa Conmebol con Lanús (1996). Emigró a España a dirigir el Real Club Deportivo Mallorca que llegó a la final de la Copa del Rey (cae con Barcelona), a la final de la Recopa de Europa (cae con Lazio), al tercer puesto de Liga (clasificación UEFA y récord mallorquí) y a ganar la Supercopa de España (ante Barcelona). En el banco del Valencia F.C. llegó dos veces consecutivas a la final de la Champions League (en 2000 cae con Real Madrid y en 2001 con Bayern Munich). Emigró a Italia para tomar el Inter de Milán logrando un tercer puesto y un subcampeonato de Liga (2001/2). Y volvió a España para mantener al Mallorca en primera división (2006).
Los equipos de Cúper, tarde o temprano, terminan reflejando la personalidad del entrenador: trabajados, sobrios, conservadores y eficaces.
Obrando en consecuencia, su sistema se basa en un intenso trabajo físico y táctico, lo que le vale sospechas y quejas (Ronaldo) en un mundo lleno de divos como es el del fútbol europeo.

Barisio, Gómez, Cúper, Rocchia, Garré; Arregui, Saccardi, Cañete, Crocco, Márcico, Juárez. De memoria (como dice el Coco Basile). Ferro Carril Oeste, tercer campeón invicto del fútbol argentino, Juárez goleador, Barisio récord de 1075 minutos con valla invicta, Cúper con 145 presencias consecutivas, un equipo que encabezó las tablas durante 8 torneos ininterrumpidos, una máquina. Un club en crecimiento sostenido, con 48.500 socios (sólo 2000 de fútbol), campeón nacional de básquet, voley y tenis, con figuras destacadas en todas las disciplinas y distinguido por la UNESCO por su apoyo al deporte y la juventud. Se cumplen 25 años de la gloria, se cumplen 103 años de Ferro Carril Oeste.
“Ferro era un Imperio. Y para voltear un imperio tenés que ser un artista” (Barisio).
Hoy Ferro es conducido por un fideicomiso y no hay elecciones hasta tanto no se levante la quiebra. De ganar 3 Ligas Nacionales de Básquet entonces juega hoy en la Federación Regional de Capital (4º nivel en la estructura de la Liga). De 6 títulos argentinos y 2 sudamericanos de vóley juega hoy en el torneo metropolitano sin posibilidades de ascender a la Liga Argentina. Del récord de presencias y valla invicta ostenta ahora también el récord de ineficacia del fútbol argentino con 875 minutos sin convertir goles (1998-99). De campeonar y liderar los ´80 ha descendido a tercera división, volvió y hace pocos días salvó su permanencia en la segunda con un agónico 1-1 frente a Estudiantes de Buenos Aires (foto). Cuenta con 8000 socios y 5000 vitalicios (muchos pagan). El órgano fiduiciario no se ocupa de la parte deportiva y un grupo de socios pone dinero para solventar el fútbol, entre $50 y 100 cada uno y otro grupo ponen para el técnico y los refuerzos. La quiebra, se dice, es por 14 millones.
En las mismas efemérides, después de unas terribles bodas de plata (25 años), Ferro Carril Oeste remata (sic) jugadores de fútbol. El día viernes 27 de julio fue subastado (sic) Emanuel De Porras al Benevento (serie C2 de Italia) por u$s 70.000. Como el club es administrado por una jueza, a través de un órgano fiduiciario, ante cada transferencia tiene que hacer público el interés por el jugador para hacer posible un mejoramiento de oferta.
Es el segundo y penoso caso que vive Ferro. Hoy vemos asomar a Federico Fazio festejando el Mundial sub 20 y levantando Copas en el Sevilla, vendido por u$s 700.000.
Ampliaremos.


